Las 4 Etapas

En la historia de nuestra Orden se pueden distinguir cuatro fases perfectamente diferenciadas, aunque manteniéndo siempre un estrecho vínculo de unión entre ellas:

1.- Una primera fase canónical que antecede a la formación de la propia Orden y que se inicia tras la devoción por los Santos Lugares de Santa Elena, madre del emperador Constantino “El Magno” instaurador del Cristianismo en el Imperio Romano en el año 313, quien llevada por su devoción al Santo Sepulcro viajó a Jerusalén en busca de su ubicación, que le sería descubierta por un piadoso judío llamado Quirino. A fin de honrarlo mandó se levantara un templo suntuoso, en honor de la Gloriosa Resurrección de Jesucristo, construido alrededor de la piedra del Gólgota y del sepulcro de Cristo. Seguidamente estableció allí un cabildo de Canónigos, llamados así por el “canon” o regla por el que Santa Elena había organizado la subsistencia y deberes de aquellos religiosos. Éstos estaban ayudados por varios hermanos seglares para custodia y conservación del Santo Sepulcro, a los que dio por insignia una cruz formada por las cinco cruces rojas en recuerdo de las cinco llagas de Nuestro Señor.

La separación de las Iglesias les convertiría en cismáticos y la ocupación por los musulmanes de los Santos Lugares en el año 638 les reduciría a una penosa subsistencia, pero lograron de una forma u otra sobrevivir hasta la conquista de Jerusalén por los Cruzados en el año 1.099, tras la que Godofredo de Bouillón los expulsó por cismáticos y substituyó por Canónicos Latinos, fieles a Roma, pero no conformándose con un simple cambio de canónicos, siguiendo el espíritu guerrero de la época les añadió un grupo de caballeros que pasaron a constituir así una Orden de Caballería, religiosa y militar, pues no solo con plegarias se protegía el tempo del Santo Sepulcro, y a la vez chocaba con los cánones religiosos el que los clérigos empuñaran las armas, convirtiéndose en unos sacristanes armados, pues aunque fuera justa y lícita la guerra contra los infieles que habían ocupado Tierra Santa se prohibía absolutamente a los clérigos, bajo pena de excomunión matar a otro hombre con las armas, siquiera fuera un musulmán y en legítima defensa.

2,-  Fase Heroica que transcurre en Tierra Santa entre los años 1.099 y 1.247, encargándose los Caballeros Sepulcristas de proteger el Santo Sepulcro y ayudar militarmente a los reyes de Jerusalén, de quienes dependían directamente pues en ellos recaía el Maestrazgo de la Orden, si bien lo tenían delegado en el Gran Prior Sepulcrista. La intención de formar una Orden de Caballería parece ser la adoptó Godofredo de Bouillón tras la batalla de Antioquia en el 1098, en la que al proponérsele que siguiendo la tradición armara caballeros sobre el campo de batalla, a varios escuderos que se habían distinguido por su arrojo en la misma, prometió a Gontier de l’Aire que esperara pues le investiria Caballero cuando hubieran conquistado el Sepulcro del Señor. Según el Conde Alphonse Couret, tras la conquista de Jerusalén por los cruzados en el año 1099, cuando nace espontáneamente la Orden del Santo Sepulcro, impulsada por la devoción de los cruzados al Santo Sepulcro.  Sería el propio Godofredo de Bouillón quien, tras ser aceptado por todos como Protector de Jerusalén, se encargó de organizar la asistencia religiosa del Santo Sepulcro, encargando de ello a veinte canónigos del clero regular que deberían entonar perpetuamente los oficios divinos y celebrar los Santos Misterios. Más no bastaba con sustituir unos canónigos por otros, pues  estos pacíficos monjes, cuya vida transcurría entre oraciones y ayunos, eran incapaces de defender de profanaciones el Santo Sepulcro y proteger a los desvalidos que lo visitaban en peregrinación. Las murallas de Jerusalén no eran amparo suficiente, máxime que los Reyes de Jerusalén permanecían en campaña casi siempre, apartados de la capital y sin dejar casi nunca guarnición, por lo que la ciudad quedaba al cuidado de sus habitantes. Era preciso suplir la insuficiencia de los ejércitos cristianos, para ello era necesario establecer una milicia permanente formada por caballeros escogidos que protegiera Jerusalén, en especial el Santo Sepulcro.

Según el cronista francés André Tavin la Orden de Caballería del Santo Sepulcro es la primera y más antigua de todas las ordenes de caballería creadas en Tierra Santa, sus fratres, canónigos y caballeros, se distinguieron ya como guardia noble que velaba y protegía el Santo Sepulcro, atrayendo a numerosos príncipes y señores que peregrinaron a Jerusalén y obteniendo el reconocimiento de Reyes (1) y Pontífices (2) cuando no existían aún los Templarios, salidos de sus filas, y los Hospitalarios y Lazaristas no eran más que simples hermanos enfermeros que no salían de sus hospitales y lazaretos; es por ello que la Orden del Santo Sepulcro recibió la primacía en todos los actos religiosos y oficiales sobre las demás Órdenes que ocupa todavía hoy en día.

La Orden Sepulcrista se regía por sus propios Estatutos a Assises de los que han llegado hasta nuestros días la copia que el el año 1.149 mandó realizar el rey francés Luis VII, para que sirviera de norma para la Cofradía de la Orden del Santo Sepulcro que al ejemplo de esta Orden constituyó en Francia y para la que redactó unos Assises o Estatutos similares a los que la Orden tenía desde su fundación. En este documento se establece que Godofredo de Bouillon se reservó para sí el Maestrazgo de la Orden que, a su muerte, pasaría a los Reyes Latinos de Jerusalén. En el mismo se establece dos categorías de miembros de la Orden: Miles (Caballeros) y Presbyteri (Canónigos), además de mencionar a los Viatores (Peregrinos). Se recoge que los reyes delegaban su mando en un Tenente, y se desarrolla las obligaciones que tenían los Caballeros, “proteger con las armas, combatir y hacer la guerra”, y los Canónigos, “rezar y celebrar los oficios divinos en la Iglesia del Santo Sepulcro”.

En consecuencia la Orden mantuvo una guarnición en Jerusalén, mientras esta ciudad estuvo en manos de los cristianos. Las Cronicas nos hablan de los Caballeros que hacía guardia permanente ante el Santo Sepulcro y de los Custodios o Guardias armados auxiliares que en número de quinientos debían proveer al ejército de los reyes de Jerusalén, así como de su participación en numerosas batallas (3) . Si bien la pérdida de la ciudad a manos de Saladino y la destrucción del Reino Latino la privaría de su carácter guerrero y al igual que las otras Ordenes tendría que luchar por su supervivencia adaptándose a las nuevas circunstancias.

Los Caballeros del Santo Sepulcro fueron los más afectados por la pérdida de Jerusalén, pues  hubieron de abandonar la guardia que hacían en los Santos Lugares sin tener otra base a donde replegarse. A diferencia de lo que ocurría con los templarios y hospitalarios, las fortalezas Sepulcristas estaban todas en la ciudad santa y al perderse ésta hubieron de abandonar todas sus residencias y establecimientos.

Si bien durante unos años se interrumpieron todos los cruzamientos,  en el año 1238 por el que un grupo de franciscanos fue admitido en Jerusalén por el Califa y las peregrinaciones pudieran reiniciarse, aunque por pequeños grupos de cristianos desarmados que habrían de pagar un peaje para poder entrar. Ello permitiría que los cruzamientos ente el Santo Sepulcro volvieran a reanudarse, aunque ya sin la solemnidad de antaño, sino en silencio y en la intimidad de quien se sabe en una ciudad controlada por los infieles, por lo que había que evitar llamar innecesariamente su atención, aprovechando así la tregua con los sarracenos. Tras ello deberán abandonar la Jerusalén ocupada y regresar a sus lugares de origen en Europa, surgiendo así los llamados Caballeros Peregrinos. Tenemos testimonios de peregrinos cristianos llegados a Jerusalén, bajo la tolerancia de los gobernantes islámicos, y que una vez allí se cruzaban caballeros del Santo Sepulcro, surgiendo así los llamados Caballeros Peregrinos (4) .

Así desde 1238 a 1496 tenemos numerosos ejemplos de caballeros Sepulcristas armados ante el Santo Sepulcro, pertenecientes a las más ilustres familias europeas. En 1279 tenemos a Jean de Heusden, noble flamenco; en 1309 a Gossin Cabilau, noble flamenco; en 1244 Godefroid de Dive, noble francés; en  1295 el Conde Jean X d’Arkel, tataranieto de Jean V d’Arkel armado caballero en 1176; en 1325 Roberto de Namur, siguiendo una larga lista de caballeros, condes y príncipes, procedentes de todas las partes del mundo cristiano, que son armados caballeros Sepulcristas ante el sepulcro de Cristo recibiendo así la más preciada recompensa a su atrevido viaje y a los muchos peligros y privaciones sufridas en el mismo al recibir la más alta muestra de honor que un caballero cristiano podía esperar.

3.- Se inicia así una tercera fase denominada Peregrina que transcurre ya en Europa, entre los años 1.247 y 1.847, caracterizada por la fragmentación de la Orden en seis grandes Prioratos: Capua (Italia), Calatayud y Toro (España), Orleans (Francia), Miechow (Polonia) y Warwick (Inglaterra), hasta que a consecuencia de la Bula de Inocencio VIII de 1.489 y el cisma inglés de Enrique VIII se redujeron a tres: Calatayud (España), Orleans (Francia) y Miechow (Polonia).

En el año 1489, el Papa Inocencio VIII obsesionado con la idea de preparar una gran cruzada contra el Islam, dirigida por D’Abbuson Gran Maestre de la Orden de San Juan decidió contribuir a la misma incorporando a los Sepulcristas y Lazaristas con todos sus bienes a la Orden de San Juan de Rodas, a fin de resarcir a ésta de los fuertes quebrantos que había sufrido durante el asedio otomano, lo que realizó mediante su Bula “Cum solerti meditatione”, de fecha 28 de Marzo de 1489; lo que provocaría la protesta de los reyes de España, Francia y Polonia que resolvieron no obedecer dicha Bula, que solo resultó obedecida en los Estados Pontificios.  Así, a instancias del rey Fernando II “El Católico”,  el Papa León XIII por Bula de 29 de Octubre de 1513 separó a los Sepulcristas hispanos de la unión con Rodas que Inocencio VIII había hecho de esta orden. Mientras que en Francia la citada Bula fue declarada abusiva y contraria a las leyes del reino por decreto del parlamento de París de 16 de febrero de 1547.
Si bien, este estado de cosas duraría pocos años, pues el  Papa Alejandro VI en 1496, a instancias del emperador Maximiliano I y de los Reyes de España y Francia,  considerando que los Caballeros de Malta hacían un voto solemne de castidad que no hacían los caballeros del Santo Sepulcro, anuló dicha Bula y anexionó los Caballeros Sepulcristas a la Santa Sede, ratificando así su doble carácter de Orden ecuestre y pontificia. El pontífice se declaró el mismo y sus sucesores Gran Maestre de ella, y dio facultad al Guardián del Santo Sepulcro, como Vicario Apostólico en Tierra Santa que era, para conferir la Orden a los peregrinos de Tierra Santa que diesen una ofrenda al efecto y jurasen que eran de noble linaje; se lograba así la supervivencia de la Orden bien no fue posible lograr que sus antiguos bienes fueran devueltos por los hospitalarios en aquellos territorios en que los habían usurpado como Castilla, Portugal e Italia.

En esta fase se observa que la Orden conserva un estricto espíritu nobiliario y su control es disputado por la Santa Sede y por los reyes de las dos más importantes monarquías europeas, España (5) y Francia (6) , que quieren ejercer su maestrazgo, obstaculizado siempre por la oposición de los sanjuanistas que no desean ver resurgir a su adversario. Hasta que en el año 1746 la Santa Sede decide la polémica atribuyéndose en exclusiva el control de la Orden de Caballeros del Santísimo Sepulcro de Jerusalén por Breve de Benedicto XIV.

4.- Nos encontramos actualmente en la cuarta fase denominada Protectora que se inició en el año 1847 y llega hasta nuestros días. En dicha fecha se produjo la firma del Concordato entre la Santa Sede y el Sultán otomano que dominaba Tierra Santa, permitiéndose así la Restauración del Patriarcado Latino de Jerusalén e inmediatamente se vuelve a tratar de la Orden de Caballeros del Santo Sepulcro, reconociendo sus privilegios y todo lo anteriormente regulado por la Iglesia sobre ella.
La Santa Sede procedió a restaurar la Orden de Caballería del Santo Sepulcro, a la que reconoce “una gran antigüedad”  y sigue diciendo el Papa que “le consta por documentos fidedignos” que desde el siglo XV el Padre Guardián del Santo Sepulcro, residente en Jerusalén, admitía ya por concesión apostólica como Caballeros a varones beneméritos en esta Orden de Caballería del Santo Sepulcro y se le ratifica para que pueda seguir ejerciendo dicho privilegio. Debemos destacar que en los citados Breves Pontificios, pues en ellos el Papa Pío IX se refiere siempre a la antigua Orden de Caballeros, a los que años tarde se incorporarían también las Damas, al autorizarse su ingreso en la Orden en el año 1.888, según habían habido también damas en los primeros tiempos de la Orden (7) .

En España, país con gran devoción por el Santo Sepulcro, siempre habían sido frecuentes las peregrinaciones a Tierra Santa y los cruzamientos de españoles como caballeros Sepulcristas, por lo que al conocerse la Restauración de la Orden unos cuantos caballeros se reunieron y enviaron una Circular a todos los Caballeros españoles cuyo domicilio conocían, convocándolos a una Asamblea General, constituyéndose así el 27 de marzo de 1874, la Asamblea Española de Caballeros de la Orden Militar del Santo Sepulcro. Tras diversas vicisitudes obtuvieron, el 26 de junio de 1882, del Ministerio de Estado el Regium Exequatur, por el que los Caballeros españoles del Santo Sepulcro pudieran gozar de las mismas consideraciones oficiales que se dispensan a los Caballeros de las Ordenes Militares Españolas a las que estaban asimilados.

En el año 1899 la Orden en España alcanzaría un nuevo reconocimiento a su valía, pues, habiéndose terminado la restauración del templo de San Francisco el Grande (Madrid), se emitirá una Real Orden para que el Capítulo en lo sucesivo pueda celebrar sus reuniones y funciones religiosas en dicho templo, concediéndoles la capilla del Calvario, así como dos locales, uno para revestirse los Caballeros y otro para poder guardar sus efectos, para lo que incluso hubo que vencer la resistencia inicial del propio rector del templo.  Se inicia en esta fecha la vinculación existente entre la Orden y la Iglesia de San Francisco el Grande que se ha mantenido hasta nuestros días.

La Orden Sepulcrista en el Tercer Milenio

Si bien pasaron los tiempos del Caballero de brillante armadura que acudía con su espada a defender el Santo Sepulcro, éste sigue estando allí en Jerusalén y tan amenazado como antaño. Actualmente somos caballeros pacíficos, aunque debemos añadir que el coraje y la perseverancia, requeridos para poder cumplir con nuestra misión en estos tiempos de proteger el legado cristiano en Tierra Santa, no son  menores que los necesitados antaño. Los caballeros Sepulcristas hemos cambiado la fuerza de las armas por la solidaridad fraternal y se combate ahora mediante el testimonio personal, recordando y dando a conocer con nuestro empeño las dramáticas circunstancias por las que atraviesan hoy en día los Santo Lugares y los cristianos que habitan allí, así como promoviendo y financiando iniciativas de asistencia y desarrollo en la zona, en tal forma que las aportaciones de nuestra Orden cubren el 98% del presupuesto anual del Patriarcado Latino de Jerusalén.

Hoy en día es una Orden Ecuménica, extendida por todo el orbe católico, presente en muchos países en los que no existía tradición alguna de la Orden, por lo que para ellos, a veces, es difícil comprender y valorar el rico patrimonio histórico de una Orden de reciente implantación en ellos.

Mientras que en España, desde sus inicios en el siglo XII, siempre ha estado presente la Orden Sepulcrista, concretándose esta presencia en la Colegiata de Calatayud, punto de encuentro de los Caballeros y Damas pertenecientes a las dos Lugartenencias, España Occidental y Oriental, por las que actualmente se encuentra representada la Orden en España.  Pudiendo añadir que los Caballeros de ambas Lugartenencias españolas, laicos y religiosos, tenemos el privilegio que cuando nos reunimos en Capítulo, en las ceremonias religiosas de dicha Colegiata, gozamos de los honores y privilegios de los Canónicos de San Agustín, según se establece  en sus Constituciones; lo que es demuestra el doble carácter religioso-militar de nuestra Orden, aunque ésta es la única referencia canonical aplicable a los Caballeros Sepulcristas, y únicamente válida para el caso de España, lo que explica y justifica la existencia de  nuestro Habito de Coro, mientras que en el resto del mundo solo tienen la capa corta.

En ambas Lugartenencias españolas se conservan las antiguas tradiciones de la Orden, pues según palabras del Cardenal Furno, Gran Maestre de la Orden, “España es el único país en el que las tradiciones históricas de la Orden se han conservado ininterrumpidamente hasta nuestros días”, lo que nos hace sentirnos orgullosos de nuestra singularidad y nos compromete a continuar perseverando en nuestro compromiso.

En España, por lo tanto, la Orden Sepulcrista se sostiene sobre tres importantes pilares, el primero esencialmente religioso, que nos compromete a practicar un catolicismo ejemplarizante; el segundo asistencial, que nos obliga a defender y proteger la presencia cristiana en Tierra Santa; y el tercero histórico, por el que debemos mantener nuestras antiguas tradiciones propias de ambos Capítulos españoles, entre las que se encuentran las pruebas nobiliarias que, además de las de cristiandad se exigen para su ingreso a los Caballeros y Damas.

Defender estos tres pilares, sobre los que se sustenta nuestra singularidad, es el reto al que se nos enfrentamos los Sepulcristas españoles, pues si nos olvidamos de alguno de ellos corremos el riesgo de perder el equilibrio, y rodar por tierra como ocurre a los asientos a los que los falla uno de sus soportes, convirtiéndonos bien en una simple ONG, o en una Cofradía religiosa más o en una Corporación estrictamente nobiliaria, pues solo si sabemos mantenernos firmes, en nuestra religiosidad, solidaridad con Tierra Santa, ideales y tradiciones, seguiremos siendo una Orden de Caballería. Una Orden quasi milenaria, como es la Orden Sepulcrista, sin cerrarnos por ello a adaptarnos a las exigencias que se nos requiere para sobrevivir como tal Orden durante este III Milenio.

 

NOTAS:
(1) El primero de los monarcas fue Alfonso I “El Batallador”, fundó en su reino de Aragón la  Hermandad de Caballeros del Santo Sepulcro. Más tarde, al no tener sucesión, en su testamento la dejó como coheredera de sus reinos. Alfonso VII de Castilla, los introdujo en Castilla y en León.            Luis VII de Francia, al regresar de su cruzada en el año 1152 la introdujo en Francia, a la vez que mantenía un Teniente real en Jerusalén para que le representara ante la Orden. En el año 1162 Jaxa Grifius, Conde de Miechow, se trajo de su peregrinación a Tierra Santa varios caballeros y canónigos del Santo Sepulcro y los estableció en un nuevo convento que fundó en Miechow, situado a diez leguas de la ciudad de Cracovia.  Enrique II de Inglaterra al regresar de su peregrinación a Tierra Santa en el año 1174 la introdujo en Inglaterra.

(2) En el año 1118 el Papa Pascual II aprobó la Orden de Frates del Santo Sepulcro, el Papa Calixto II los confirmó los estatutos en el año 1122 por su Bula “Gerardo Priori et eius, fratibus in Ecclesia Sancti Sepulchri..”  Sus sucesores los Papas Honorio II en el año 1128, e Inocencio II, el 10 de Marzo de 1130, también ratificaron dichos estatutos y les concedieron diversos privilegios . El Papa Celestino II recibió bajo la protección de la Santa Sede a la Orden del Santo Sepulcro, por Bula Pontificia de 10 de enero de 1144 y le confirmaba sus bienes y donaciones recibidas del duque Godofredo y de los dos reyes Balduino. Su sucesor en el solio pontificio Eugenio III por Bula de 13 de Julio de 1146, confirmó todas las gracias y privilegios dados por sus predecesores los Papas Calixto, Honorio, Inocencio, Celestino y Lucio  al Santo Sepulcro, ampliándo sus privilegios por su Bula de 7 de Mayo de 1148.

(3)La primera acción en que intervendrían los caballeros sepulcristas fue en la batalla de Ascalón, ganada a los infieles por Godofredo de Bouillón el día 12 de Agosto de 1099. En la misma Arnolfo, Arcediano y Tesorero de la Iglesia del Santo Sepulcro y más tarde Patriarca de Jerusalén, llevaba la Vera Cruz protegida por una escolta de esforzados caballeros sepulcristas. En el año 1101 los caballeros sepulcristas acompañaron al Rey Balduino I en el asalto a Cesarea, en cuyo memorable sitio el Patriarca de Jerusalén Daiberto, llevaba el Sacro Madero de la Santa Cruz que acompañaba siempre al ejército real y bajo cuya protección se sentían invencibles. Este Sacro madero estaba siempre acompañado de una escolta de caballeros sepulcristas. Intervendrían también los caballeros sepulcristas  al año siguiente de 1102 en el combate de Ramath y en la batalla de Jaffa. En el 1103 en una nueva batalla en Jaffa rechazando una excursión musulmana. En el año 1104 los sepulcristas se distinguieron en la toma de Ptolemaida y en 1105 en la batalla de Ramalah, en la que intervinieron ciento cincuenta Caballeros sepulcristas. En el año 1119 Caballeros y hombres de armas del Santo Sepulcro acudieron en socorro de la ciudad de Antioquía, amenazada por los musulmanes, acompañando al Patriarca Veremundo y al Rey Balduino, derrotando a la morisma en el monte Deniz.  En el año 1123 salieron de Jerusalén acompañando al Patriarca Veremundo que llevaba la Vera Cruz para hacer frente a una nueva invasión sarracena  que llevando prisionero al Rey Balduino II intentaba apoderarse de la Ciudad Santa. Una vez más lograron desbaratar la amenaza islámica y rescataron a su rey. Nuevamente los vemos participar al año siguiente en la batalla de Ramath y en el sitio de la ciudad de Tiro. Así como en la rota de Merdi-Soffar en que fueron derrotados por las gentes de Damasco. En el 1128 siguiendo al Patriarca Veremundo participaron en el sitio de la fortaleza de Belhasan y en los años 1136 y 1137 siguieron al Patriarca Guillermo, antes Prior del Santo Sepulcro, en la expedición emprendida para libertad el Castillo de Montferrand en el que se hallaba asediado el Rey Fulco. En 1145 en la toma de Edesa y en 1146 en la defensa de la ciudad de Bostra. En 1148 acompañaron al Rey Balduino III en el infructuoso sitio de Damasco y en 1150 en la toma de Ascalón.  En 1159 aparecen luchando en Cesarea y en 1164 en Harane, en donde fueron derrotados.  En 1182 los Sepulcristas contribuyeron a la derrota de Saladino en la Batalla de Tirvelet obligándole a retirarse

(4) Así desde 1238 a 1496 existen numerosos ejemplos de caballeros sepulcristas armados ante el Santo Sepulcro, pertenecientes a las más ilustres familias europeas. En 1279 Jean de Heusden, noble flamenco; en 1309 a Gossin Cabilau, noble flamenco; en 1244 Godefroid de Dive, noble francés; en  1295 el Conde Jean X d’Arkel, tataranieto de Jean V d’Arkel armado caballero en 1176; en 1325 Roberto de Namur, siguiendo una larga lista de caballeros, condes y príncipes, procedentes de todas las partes del mundo cristiano, que son armados caballeros sepulcristas ante el sepulcro de Cristo recibiendo así la más preciada recompensa a su atrevido viaje y a los muchos peligros y privaciones sufridas en el mismo.

(5)26 de marzo de 1558 en la Iglesia Colegial de Santa Catalina de la ciudad flamenca de Hoschtraten (Cambray), reunidos un nutrido grupo de caballeros sepulcristas de la monarquía española, dirigidos por el caballero español Don pedro de Zarate acordaron por unanimidad elegir como Gran Maestre al rey Felipe II de las Españas, que administraba ya las órdenes de caballería españolas y que se había distinguido siempre por su devoción y ayuda a los Santos Lugares. Al ser comunicada la decisión al rey Felipe II, éste la acogió con gran jubilo, y la aceptó como sucesor de los antiguos Reyes Latinos de Jerusalén para sí y para su hijo y sucesor el príncipe Don Carlos, aunque condicionada a la ratificación final de la Santa Sede. Seguidamente el Notario Público levantó nota de la aceptación real, realizada en presencia de ilustres testigos.

(6) Luis XIII, ante la imposibilidad de conseguir para sí el Maestrazgo de la Orden del Santo Sepulcro, y vista la frustrada tentativa realizada por la Corona Española medio siglo antes, impulsó y favoreció en 1616 el que un noble francés, el duque Carlos de Gonzaga – Par de Francia, Príncipe de Mantua y Duque de Nevers y Cleves, descendiente de los Basileos bizantinos – pretendiera la concesión del Maestrazgo de la Orden Caballeresca del Santo Sepulcro a fin de revitalizarla con su unión a la Archicofradía Francesa del mismo nombre, haciéndose cargo de ambas como Gran Maestre bajo la protección de la Corona francesa. Luis XIV de Francia, por real edicto de 28 de Mayo de 1700, tomó bajo su protección a la Orden del Santo Sepulcro, al igual que la Real Archicofradía del mismo nombre, ordenando que en adelante ambas instituciones quedasen bajo la protección de la corona, encargada de velar por la integridad de ambas, al igual que hacían los Reyes de España con las Órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa. Napoleón y Luis XVIII siguieron con la misma inntención de hacerse con el maestrazgo de la Orden.

(7) El nombre de la condesa María Francisca Lomax abre en el “Libro de Oro de la Orden”, custodiado en el Patriarcado Latino de Jerusalén, el Capítulo de las Damas, con fecha de 15 de abril de 1871. El 26 de julio de 1873, Monseñor Bracco nombra la segunda Dama de la Orden en la persona de la Duquesa Rosina di Lesignano, condesa de Ketschenderf. Tres años más tarde se nombran dos Damas más, en enero, Dª. Catherina Theresia Berthet de Flahaul, francesa, y el 4 de diciembre se nombra a Su Majestad Theresia Christina María, Emperatriz del Brasil